El almacenamiento inicia su década de oro
La aportación de valor al sistema eléctrico y sus muchas funcionalidades son las principales palancas de lanzamiento del almacenamiento BESS. Sin embargo, aún hay trabajo por hacer: el desarrollo del Mecanismo de Capacidad y, sobre todo, la revisión de la fiscalidad son los siguientes retos que la administración y el sector deben afrontar ya.
Por Luis Marquina
El almacenamiento con baterías (BESS) está viviendo un proceso de constante maduración. Los desarrollos poco a poco avanzan, no sin problemas, y este año se van a instalar más de 500 MW y más de 5 GW esperamos se instalen en los próximos cuatro años.
La reciente aprobación del Mecanismo de Capacidad para el mercado eléctrico español, dotado con 9.000 millones de euros en diez años, es una gran noticia que fortalecerá el despliegue masivo de las tecnologías BESS por varios motivos:
En primer lugar, y aunque este mecanismo está pensado para dar robustez y seguridad de suministro al sistema eléctrico y no tanto para impulsar el almacenamiento, el hecho de que los sistemas BESS puedan gozar de una base de ingresos ciertos durante muchos años por la capacidad instalada (especialmente el stand alone) permitirá obtener una mejor financiación de los proyectos, una pieza clave del engranaje que a veces olvidamos (los proyectos de almacenamiento son proyectos de infraestructuras que necesitan ser financiados, aunque sea con apalancamientos menores que los acostumbrados en el despliegue de energías renovables).
En segundo lugar, las ofertas de los sistemas BESS serán muy competitivas si se internalizan en dichas ofertas las ayudas vía FEDER y PERTEs percibidas en los proyectos que se presenten, aunque el factor de firmeza (de-rating factor) que finalmente otorgue al almacenamiento el operador del sistema será igualmente determinante.
Pero si en nuestro mix energético la flexibilidad va a ser tan relevante como la propia generación, nuevo escenario en el que el almacenamiento y la gestión de la demanda están llamados a ser el eje sobre el que pivote el nuevo modelo energético, no está garantizado que esto ocurra si no se trabaja consciente y serenamente uno de los temas críticos: la fiscalidad.
¿Un impuesto del 7% a la generación eléctrica para el almacenamiento energético?
La constante sombra que la aplicación del IVPEE (Impuesto al Valor de la Producción de Energía Eléctrica) que grava los ingresos a la mera producción de energía (no a los beneficios ¡¡sino a los ingresos brutos percibidos!!) acecha al desarrollo de BESS (cabría incluir también al bombeo) y es un lastre ante el que AEPIBAL lucha con argumentos sólidos y responsables, que se resumen en un razonamiento muy sencillo: la mera incorporación de energía previamente almacenada, sin que medie producción, no realiza el hecho imponible. Es decir, la actividad de almacenamiento de energía eléctrica es estructuralmente distinta de la actividad de generación porque la generación consiste en la transformación de una fuente primaria de energía (solar, eólica, hidráulica, térmica, etc.) en energía eléctrica, que se incorpora al sistema, mientras que el almacenamiento consiste en la captación de energía eléctrica ya existente en el sistema —energía que ya tributó o pudo tributar el IVPEE en el momento de su generación—, su conversión en otra forma de energía para su conservación temporal y su posterior reinyección en la red. En este sentido, imputar esta carga fiscal al almacenamiento es una clara doble imposición sobre la misma energía eléctrica. Y hablamos de una carga fiscal del 7%... Así no vamos bien.
Baterías, apuesta de valor para el sistema eléctrico
Aun así, a pesar de este y otros aspectos regulatorios que faltan por concretar, el despliegue de BESS va a ser muy relevante porque ofrece múltiples funcionalidades, todas generadoras de valor:
Aporta valor al sistema eléctrico en su conjunto con grandes plantas BESS stand alone e hibridas conectadas a la red que hacen mucho más gestionable un parque de generación cada vez más masivamente renovable (y por tanto no gestionable);
Aporta valor a las plantas fotovoltaicas existentes y en construcción que, hibridadas ahora con BESS, salvan sus números y animan a los promotores a nuevos desarrollos; aporta valor al sector comercial, industrial y residencial que, con o sin autoconsumo, tiene a su disposición una nueva herramienta de mejora de costes de la energía a corto plazo, y de generación de ingresos extraordinarios por la gestión de dicha energía, a largo plazo;
Aporta valor al despegue del vehículo eléctrico, ampliando la capacidad de carga en los puntos de recarga de la red, sea rural o urbana;
Aporta valor al propio tejido industrial europeo, con la posibilidad real de crear una industria local en la que la mezcla de producto europeo/asiático, fabricado en UE, y la prestación de servicio de atención al cliente de calidad, local y cercano permita consolidar un tejido económico de alto valor añadido y gran proyección de futuro.
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