Verlo siempre en Español
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España depende cada vez menos del exterior para cubrir la demanda de electricidad: en 2024 las renovables lideraron con un 56,8%, la nuclear se mantuvo estable en el 20% y el país volvió a registrar saldo exportador, aunque sigue importando gas y combustible nuclear para garantizar el respaldo.
España sigue dependiendo del exterior para una parte de la energía que consume, pero su electricidad es, mayoritariamente, de origen interno: toda se produce en nuestro país, aunque una parte de ella proceda de ciclos combinados que funcionan con gas importado.
Cuando se habla de “dependencia energética”, suele pensarse en grandes buques de gas natural o petróleo importado.
Sin embargo, si ponemos el foco en la generación eléctrica, la respuesta es más matizada y esperanzadora que en el conjunto del sistema energético.
Según el Balance Energético de España 2024 publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), la generación eléctrica española procede, en su mayoría, de fuentes renovables (eólica, solar, hidráulica) y nuclear, todas ellas tecnologías cuya producción se realiza dentro del país y que, además, permiten generar electricidad libre de emisiones.
Aunque el informe evalúa la energía primaria, su desglose revela una tendencia clara: la producción eléctrica española depende cada vez menos de materias primas procedentes del exterior, porque se apoya sobre todo en fuentes renovables y en nuclear, cuya generación se realiza dentro del país.
España se apoya cada vez menos en materias primas energéticas importadas. Los datos de Red Eléctrica de España (REE) muestran que 2024 fue un año récord:
La producción renovable creció un 10,3 % hasta alcanzar 148.999 GWh y representó el 56,8% del mix nacional, 59,0% en la península, impulsada por el repunte de la hidráulica (+35,5%) y de la solar fotovoltaica (+18,8%).
A ello se suma la estabilidad que aporta la energía nuclear como producción interior y como fuente de generación eléctrica libre de emisiones.
El resultado es un sistema eléctrico con una base mayoritariamente nacional, sustentado sobre todo en renovables y nuclear, aunque parte de la generación utilice combustibles importados.
En 2024, España exportó más electricidad de la que importó por tercer año consecutivo: 25.808 GWh exportados frente a 15.631 GWh importados (saldo +10.177 GWh).
Con una demanda anual de 248.811 GWh, esto implica que el 94% de la electricidad consumida en España fue de origen nacional.
España aún necesita importar combustibles fósiles, especialmente gas natural, para que las centrales de ciclo combinado cubran picos de demanda o compensen la variabilidad de las renovables.
Esto permite garantizar la estabilidad del sistema en momentos con poco viento, escasa hidráulica o demanda elevada.
Los datos del MITECO muestran que la dependencia energética global española fue del 68,4% en 2024, una de las cifras más bajas desde 2020. Pero este valor incluye todo tipo de energía, no solo la electricidad. Cuando ponemos el foco en la electricidad, el panorama es distinto:
En cuanto al consumo final de energía, cerca de dos tercios sigue dependiendo de combustibles fósiles importados, especialmente petróleo en el transporte y gas natural en industria, edificios y servicios.
Por eso, uno de los grandes retos del sistema energético español es avanzar en la electrificación de estos usos finales de la energía, sustituyendo progresivamente combustibles fósiles por electricidad cada vez más renovable y descarbonizada.
Los informes del IDAE, que recopilan datos oficiales desde 1990 hasta 2024, confirman que la tendencia hacia un mix eléctrico basado en recursos nacionales es sólida.
Este peso creciente de la producción autóctona tiene tres implicaciones clave:
Las energías renovables no están expuestas a tensiones internacionales ni a volatilidad de precios de las materias primas. Su expansión reduce el impacto de crisis globales como las vividas en 2022 con el gas ruso.
Al no depender de combustibles importados, el coste marginal de las renovables es bajo y estable. Cuando predominan en el mix, ejercen una presión a la baja en el mercado eléctrico.
La diversificación tecnológica, eólica, solar, hidráulica, nuclear y ciclos combinados como respaldo, hace que el sistema sea más resiliente ante imprevistos.
Los datos del Banco de España refuerzan esta visión: aunque España es uno de los países europeos con mayor dependencia energética en el global del sistema, su electricidad se ha ido “desvinculando” del gas, del carbón y del petróleo, cuya presencia es cada vez menor en el mix de generación.
Según los datos comparables de Eurostat/ENTSOE y REE, en 2024 la electricidad renovable alcanzó el 56,8% en España (REE), frente al 48,4% de media en los países de ENTSOE, por lo que la cuota de generación baja en carbono (renovables + nuclear) se sitúa por encima de la europea y acerca a España a los objetivos de descarbonización.
Entonces… ¿España depende energéticamente de otros países en materia de electricidad?
La respuesta es: cada vez menos.
Sí, España sigue importando gas natural y uranio, y ambos influyen en parte de la electricidad generada.
Pero no, España no depende del exterior para la mayor parte de su generación eléctrica, gracias al enorme peso de las renovables y a la aportación constante de la nuclear.
España sigue siendo un país energéticamente dependiente, pero cada vez menos cuando hablamos de electricidad.
La combinación de renovables, hidráulica y nuclear permite que la mayor parte de la generación eléctrica sea de origen interno, y la tendencia apunta hacia una autosuficiencia creciente.
En un contexto mundial marcado por la volatilidad de los mercados energéticos, esta evolución coloca a España en una posición estratégica favorable: un país que aún importa combustibles, pero cuya electricidad se apoya cada vez más en recursos limpios, autóctonos y estables.