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Los transformadores eléctricos son dispositivos que permiten aumentar o reducir el nivel de tensión de la corriente alterna mediante inducción electromagnética, sin modificar su frecuencia.
Gracias a ellos, la electricidad puede transportarse a largas distancias con menores pérdidas de energía y distribuirse a niveles de tensión seguros y adecuados para utilizarse en hogares, comercios e industrias.
El funcionamiento de los transformadores se basa en un principio físico fundamental: la inducción electromagnética, descubierta por Michael Faraday.
Un transformador está formado por dos bobinas de cable enrolladas sobre un núcleo magnético, cuya función es concentrar y guiar el flujo del campo magnético:
La relación entre la tensión de entrada y la de salida depende del número de vueltas de cable de cada bobina. Si la bobina secundaria tiene más espiras que la primaria, la tensión aumenta; si tiene menos, menos la tensión se reduce.
En un transformador ideal se cumple:
En la práctica, existen pequeñas pérdidas energéticas, por lo que las relaciones con aproximadas.
Gracias a este funcionamiento, los transformadores permiten elevar la tensión para transportar la electricidad a largas distancias, desde las centrales de generación hasta nuestras casas, reduciendo las pérdidas en forma de calor.
Comprender por qué se producen estas pérdidas y cómo influyen en la eficiencia del sistema eléctrico nos lleva a un fenómeno físico clave: el efecto Joule.
Una de las dudas más habituales es: ¿por qué la electricidad no se transporta a la misma tensión que usamos en casa? La respuesta está en el efecto Joule, un fenómeno físico por el cual parte de la energía eléctrica que circula por un conductor se disipa en forma de calor debido a su resistencia.
Cuanto mayor es la intensidad de la corriente que circula por un conductor, mayor es la pérdida de energía en forma de calor. Esto implica que transportar grandes cantidades de electricidad a baja tensión generaría pérdidas enormes.
Aquí entran en juego los transformadores elevadores. Al aumentar la tensión, se reduce la intensidad necesaria para transportar la misma potencia eléctrica y, como consecuencia, se minimizan las pérdidas asociadas al efecto Joule. Por este motivo, la electricidad se transporta a alta tensión y se reduce posteriormente, mediante otros transformadores, antes de llegar a los puntos de consumo.
A nivel interno, un transformador está formado por elementos que trabajan en conjunto. Los más importantes son:
La historia de los transformadores es también la historia de la electricidad moderna. En 1831, Michael Faraday describió el principio de inducción electromagnética, sentando las bases teóricas que harían posible su funcionamiento.
A finales del siglo XIX, Lucien Gaulard y John Dixon Gibbs desarrollaron los primeros transformadores prácticos, capaces de elevar y reducir la tensión en sistemas de corriente alterna. Mas tarde fueron perfeccionados por Károl Zipernowsky, Déri y Miksa Otto Bláthy (Ganz) que también impulsaron diseños clave como el núcleo cerrado y sistemas de corriente alterna más prácticos y eficientes.
En paralelo Nikola Tesla y George Westinghouse impulsaron la adopción industrial de la corriente alterna, demostrando su viabilidad frente a otros sistemas.
Gracias a estos avances, los transformadores se convirtieron en una pieza esencial para el transporte de electricidad a largas distancias y la consolidación de las redes eléctricas modernas.
Se usan para elevar o reducir la tensión en las redes eléctricas, facilitando tanto el transporte como la distribución de la electricidad.
Sirven para medir corrientes y tensiones altas con seguridad.
En la red eléctrica, los transformadores permiten transportar la energía a largas distancias y adaptarla para que podamos utilizarla de forma segura. Además, casi todos los dispositivos electrónicos incorporan sistemas que ajustan la tensión de la red a los valores que necesitan para funcionar correctamente. También están presentes en elementos de seguridad del hogar. Por ejemplo, el interruptor diferencial utiliza un transformador de medida para detectar fugas de corriente y cortar el suministro antes de que puedan producirse daños.
Aunque solemos asociarlos a grandes infraestructuras, los transformadores están presentes en muchos objetos cotidianos: electrodomésticos, equipos electrónicos, sistemas de climatización, instalaciones solares, vehículos eléctricos y, por supuesto, en los cargadores de móvil.
La misma lógica que permite transportar electricidad a largas distancias está también presente en muchos dispositivos de uso cotidiano.
Los cargadores de móvil cumplen la misma misión general (adaptar la energía para que el dispositivo se cargue con seguridad).
Un cargador debe reducir los 230 V de la red a valores entre 5 y 12 V (o incluso variar según el protocolo de carga). Los primeros cargadores utilizaban transformadores pequeños similares a los industriales, pero hoy predominan las fuentes conmutadas, más compactas y eficientes.
En una fuente conmutada, primero se rectifica la corriente alterna de la red a corriente continua, luego se conmuta a alta frecuencia y se usa un transformador pequeño (normalmente de ferrita) para bajar la tensión y mantener el aislamiento. Después se vuelve a rectificar y se regula la salida para entregar la tensión que necesita el móvil.
Aun así, siguen cumpliendo la función básica asociada a un transformador: adaptar la tensión y, en muchos casos, aislar eléctricamente para que la carga sea segura.
El zumbido procede de la magnetoestricción, pequeñas vibraciones del núcleo metálico cuando la corriente alterna cambia de sentido 50 veces por segundo. Es un fenómeno normal. Además, suele percibirse mucho el componente de 100 Hz, porque el ciclo de magnetización “se repite” dos veces por cada periodo de la red.
Un fallo puede provocar la interrupción del suministro en la zona afectada. Las causas suelen ser sobrecargas, problemas de aislamiento o sobrecalentamientos. Las redes eléctricas cuentan con sistemas de protección y de respaldo para minimizar estos efectos.
Sí, presenta las llamadas pérdidas en vacío. Se deben sobre todo a pérdidas en el núcleo (histéresis y corrientes parásitas) y a la corriente de magnetización necesaria para crear el campo magnético.
Cuando trabaja con carga aparecen además pérdidas en los devanados (pérdidas en cobre), que aumentan con la intensidad de corriente (I²R).
Depende del tamaño y el uso, pero normalmente oscila entre 25 y 40 años. Los transformadores de potencia incluyen sistemas de monitorización para prever fallos y prolongar su vida útil.