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Ahorradores de energía: por qué no funcionan y qué sí reduce tu factura

¿Y si ahorrar en la factura de la luz fuera tan sencillo como enchufar un pequeño dispositivo a la pared? Esa es la promesa con la que se anuncian los llamados ahorradores de energía, también conocidos como energy saver, power saver o saver box. Según sus fabricantes, basta con conectarlos a un enchufe para empezar a reducir el consumo eléctrico de toda la vivienda.

La idea resulta tentadora, sobre todo en un momento en el que todos buscamos formas de ahorrar en casa. Sin embargo, estos dispositivos no consiguen que un hogar consuma menos ni que la factura de la luz sea más baja. En este artículo desmontamos algunos de los mitos más habituales sobre estos aparatos, te explicamos qué hay de cierto en conceptos como la energía reactiva y te contamos qué medidas sí pueden ayudarte a ahorrar electricidad de forma real.

Imagen de una casa de madera, una bombilla y varios montones de euros

Qué son los ahorradores de energía que se enchufan a la pared

Es fácil encontrarlos en tiendas online, anuncios o redes sociales. Aunque cambien de nombre o de diseño, casi todos lanzan el mismo mensaje: "Ahorra electricidad con solo enchufar este dispositivo".

Los encontrarás como energy saver, power saver, electricity saving box o saver box, pero todos prometen algo parecido: mejorar la eficiencia de la instalación eléctrica para que consumas menos sin hacer obras, sin sustituir los electrodomésticos y sin cambiar tus hábitos.

No es difícil entender por qué despiertan tanto interés. Son pequeños, económicos, no requieren instalación y prometen una solución sencilla a una preocupación que compartimos casi todos: cómo pagar menos por la luz.

La cuestión es si esa promesa puede cumplirse realmente en una vivienda.

La respuesta rápida: no, no reducen tu factura de la luz

Vamos a responder a la pregunta sin rodeos: un ahorrador de energía no reduce el consumo eléctrico de una vivienda ni hace que la factura de la luz sea más baja.

El motivo es sencillo. Estos dispositivos no cambian la forma en la que funcionan los electrodomésticos ni consiguen que necesiten menos electricidad para realizar su trabajo. Si el consumo sigue siendo el mismo, el importe de la factura también.

Y aquí está la clave. En un hogar, la mayor parte de lo que pagas depende de la energía consumida, medida en kilovatios hora (kWh). Si esos kWh no disminuyen, tampoco lo hará la factura.

Entonces, ¿por qué muchos de estos dispositivos aseguran que sí funcionan? La respuesta está en conceptos como la energía reactiva o los picos de tensión, que suelen aparecer en su publicidad.

Por qué prometen ahorrar: energía reactiva, picos y "energía residual"

La publicidad de estos dispositivos suele apoyarse en conceptos eléctricos reales. Es habitual encontrar mensajes que aseguran que eliminan la energía reactiva, estabilizan la tensión, reducen los picos eléctricos o aprovechan una supuesta energía residual.

Aunque estos términos tienen una base técnica, se presentan como si funcionaran exactamente igual en cualquier instalación eléctrica.

Y ahí está la confusión. Lo que puede resultar útil en determinadas instalaciones no tiene por qué traducirse en un ahorro dentro de una vivienda.

Por qué esa explicación no sirve para una vivienda

La diferencia está en el tipo de instalación.

En fábricas, talleres o edificios con maquinaria de gran potencia, la energía reactiva sí puede afectar al funcionamiento de los equipos. En estos casos se utilizan sistemas específicos, conocidos como baterías de condensadores, que ayudan a optimizar la instalación eléctrica.

En casa ocurre algo muy distinto. Los electrodomésticos generan una cantidad muy reducida de energía reactiva y, además, esa energía no se cobra en la factura de los consumidores domésticos.

Esto significa que, aunque un dispositivo consiguiera compensar una pequeña parte de esa energía, el ahorro económico sería prácticamente inapreciable.

En definitiva, estos aparatos intentan trasladar al ámbito doméstico una solución diseñada para instalaciones con unas necesidades completamente distintas.

Energía activa, reactiva y potencia: explicado sin tecnicismos

No hace falta ser un experto en electricidad para entender la diferencia entre estos conceptos.

Piensa en el frigorífico de tu cocina. Para mantener fríos los alimentos, necesita una determinada cantidad de electricidad. Esa es la energía activa, la que realmente realiza el trabajo y la que aparece reflejada en tu factura como consumo en kWh.

La energía reactiva, en cambio, forma parte del funcionamiento de algunos equipos eléctricos, especialmente aquellos que incorporan motores. En una vivienda tiene muy poca relevancia y, además, no supone un coste para los consumidores domésticos.

La potencia contratada es otra cosa distinta. Indica cuánta electricidad puedes utilizar al mismo tiempo. Si conectas varios electrodomésticos a la vez, necesitarás una potencia suficiente para que funcionen correctamente, pero eso no significa que consuman más o menos energía.

Por eso, un condensador o un supuesto energy saver no pueden reducir el consumo real de una vivienda.

Señales para detectar un falso ahorrador de energía

Antes de comprar cualquier dispositivo que prometa ahorrar electricidad, conviene analizar con calma cómo justifica ese supuesto ahorro.

Desconfía si asegura que puede reducir un porcentaje fijo de la factura en cualquier hogar, promete resultados inmediatos con solo enchufarlo o utiliza expresiones poco concretas, como "energía residual", "electricidad desperdiciada" o "tecnología inteligente", sin explicar de forma transparente cómo consigue ese resultado.

También es recomendable ser prudente cuando toda la información se basa en testimonios llamativos o cifras espectaculares, pero no aporta datos técnicos verificables.

Hay una pregunta muy sencilla que puede ayudarte a salir de dudas: si un dispositivo promete que todos los electrodomésticos consuman menos sin cambiar su funcionamiento, es muy probable que esa promesa no sea real.

Qué aparatos sí pueden ayudarte a ahorrar luz

La buena noticia es que sí existen soluciones que pueden ayudarte a reducir el consumo eléctrico. A diferencia de los llamados ahorradores de energía, no prometen milagros: simplemente permiten utilizar la electricidad de una forma más eficiente o evitar consumos innecesarios.

Las bombillas LED, por ejemplo, ofrecen la misma iluminación consumiendo mucha menos energía que las antiguas bombillas incandescentes y, además, tienen una vida útil mucho mayor.

Los enchufes inteligentes y las regletas con interruptor ayudan a evitar consumos innecesarios, especialmente los relacionados con el stand by. Y si buscas un mayor control sobre el consumo de tu vivienda, la domótica permite automatizar la iluminación, la climatización o determinados electrodomésticos para utilizarlos solo cuando hace falta.

Si quieres descubrir más formas de mejorar la eficiencia de tu hogar, puedes consultar nuestro artículo sobre cómo ahorrar energía en casa, donde encontrarás consejos prácticos para reducir el consumo sin renunciar al confort.

Cómo ahorrar de verdad en la factura de la luz

Cuando pensamos en ahorrar electricidad solemos imaginar grandes cambios, pero muchas veces la diferencia está en los pequeños hábitos del día a día.

No hace falta transformar toda la casa para empezar a notar resultados. Aprovechar la luz natural, evitar el consumo en stand by, utilizar los programas ECO de los electrodomésticos o mantener una temperatura adecuada en la calefacción y el aire acondicionado son gestos sencillos que, con el tiempo, pueden reflejarse en la factura.

También es recomendable conocer qué aparatos consumen más electricidad en casa. Identificar dónde se concentra el gasto energético es el primer paso para tomar decisiones que realmente ayuden a ahorrar.

Al final, la energía más barata siempre será la que no llegas a consumir.

Revisa tu potencia, tu consumo y tu tarifa antes de comprar gadgets milagro

Si tienes la sensación de que pagas demasiado por la luz, antes de invertir en un supuesto ahorrador de energía merece la pena revisar algunos aspectos que sí pueden marcar la diferencia.

Empieza por comprobar si la potencia contratada se ajusta realmente a las necesidades de tu hogar. Tener más potencia de la necesaria puede hacer que pagues de más cada mes. En Endesa podemos ayudarte a revisar tu potencia contratada para que se adapte mejor a tu consumo.

Después analiza tus hábitos de consumo. Saber cuándo utilizas más electricidad y qué electrodomésticos tienen un mayor impacto te ayudará a identificar oportunidades de ahorro.

Por último, revisa si tu tarifa eléctrica sigue siendo la que mejor encaja con tu forma de consumir. Elegir una tarifa adaptada a tus hábitos puede ayudarte a optimizar el coste de la energía mucho más que cualquier dispositivo que prometa resultados milagrosos.

Todos buscamos maneras de pagar menos por la luz y es lógico que soluciones tan sencillas como un energy saver despierten interés. Sin embargo, cuando se trata de ahorrar electricidad no existen los atajos.

El ahorro de verdad no empieza en un enchufe, sino en conocer cómo consumes la energía, mejorar la eficiencia de tu hogar y contar con una tarifa adaptada a tus necesidades. Porque las decisiones informadas siempre ahorran más que cualquier promesa milagrosa.

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