Perspectivas del sector eléctrico en 2026: un año crucial para la electrificación de la demanda y la transición energética
El año 2026 se perfila como un periodo decisivo para el sector eléctrico español. Tras un 2025 marcado por eventos significativos, como el apagón del 28 de abril y los avances regulatorios en materia de inversión, el foco ahora se centra en consolidar un marco que permita responder a los desafíos de la electrificación de la demanda, garantizar la seguridad y resiliencia del sistema, y acelerar la transición energética en línea con los objetivos europeos.
Por Marina Serrano
Uno de los pilares fundamentales para impulsar la electrificación es garantizar que la demanda pueda acceder de manera ágil y eficiente a la red eléctrica. Actualmente, las peticiones de acceso y conexión a la red de distribución en 2024 se sitúan en 67 GW, mientras que la saturación de la infraestructura alcanza niveles cercanos al 86,2%. Este escenario evidencia la necesidad urgente de aumentar la capacidad operativa de la red y simplificar los procedimientos administrativos, de forma que nuevos proyectos industriales, de transporte eléctrico o de almacenamiento puedan materializarse sin demoras.
¿Cómo impulsar la electrificación de la industria?
En 2026, será imprescindible avanzar en la implementación de normativa que facilite la conexión de la demanda, especialmente de la industria, asegurando que los procesos sean claros, predecibles y ágiles. La aprobación de reglamentos específicos para agilizar la conexión de grandes consumidores y proyectos de electrificación será un factor clave para mantener la competitividad de España en el contexto europeo y asegurar el cumplimiento de los objetivos de descarbonización.
La electrificación de la demanda no es solo una cuestión técnica, sino también estratégica. Incrementar la penetración de la electricidad en sectores como la industria, la movilidad y el almacenamiento es esencial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la eficiencia energética. Para ello, en 2026 será clave aprobar normativa que incentive la electrificación, estableciendo marcos regulatorios claros que den seguridad a los inversores y permitan planificar proyectos de manera sostenible.
El sector eléctrico también deberá trabajar en estrecha colaboración con la industria para identificar oportunidades de eficiencia y flexibilidad, promoviendo la integración de tecnologías como el almacenamiento energético, el hidrógeno renovable y la electrificación de procesos industriales de alto consumo. Estas medidas no solo contribuirán a la transición energética, sino que también fortalecerán la competitividad de la economía española frente al resto de Europa.
¿Cómo afecta la fiscalidad a las inversiones y estrategias empresariales?
Un marco fiscal adecuado será clave para 2026. Incentivos fiscales específicos para la inversión en redes, almacenamiento, flexibilidad y electrificación industrial pueden acelerar el desarrollo del sector. Del mismo modo, medidas que favorezcan la eficiencia energética y la transición hacia fuentes renovables proporcionan señales claras a los inversores y consumidores, fomentando decisiones que estén alineadas con los objetivos climáticos y de competitividad.
La fiscalidad no solo impacta en la inversión, sino también en la toma de decisiones estratégicas de las empresas eléctricas e industriales. Por ello, es fundamental que en 2026 se avance en un marco que integre beneficios fiscales ligados a proyectos de electrificación y modernización, reforzando la capacidad del sector para responder a la creciente demanda de energía limpia y fiable. Además, la revisión de la fiscalidad debería ir encaminada hacia eliminar aquellas cargas impositivas que debilitan el impulso a la electrificación y resta competitividad al vector energético que impulsará la electrificación del país y la competitividad de nuestra industria.
Aprendizajes tras el apagón
El apagón del 28 de abril de 2025 fue un recordatorio claro de los desafíos que enfrenta un sistema eléctrico altamente descarbonizado y con elevada penetración de energías renovables. Uno de los principales aprendizajes de este evento es la necesidad de reforzar los mecanismos de control de tensión y de adecuar la operación del sistema para gestionar de forma eficaz la volatilidad asociada a la generación renovable. En 2026, será prioritario avanzar en la normativa y los procedimientos que permitan un control de tensión robusto, estable y flexible. Esto incluye tanto la actualización de códigos técnicos y operativos como la implantación de herramientas de monitorización en tiempo real, que permitan anticipar problemas y garantizar la calidad y continuidad del suministro eléctrico. La resiliencia del sistema será clave para sostener la confianza de los consumidores y permitir que la electrificación de la demanda se realice de manera segura y sostenible.
¿Qué implica el comienzo de un nuevo periodo regulatorio en 2026?
Un elemento central para 2026 será el inicio del nuevo periodo regulatorio, que debe incorporar un modelo retributivo que ofrezca certidumbre y estabilidad a los inversores en redes de distribución. Este modelo permitirá planificar y ejecutar inversiones de manera eficiente, adaptando la retribución a las necesidades del ciclo inversor y asegurando que los objetivos de electrificación y digitalización puedan alcanzarse en tiempo y forma.
Además, el nuevo marco regulatorio deberá reflejar las prioridades de la Unión Europea, incorporando criterios de sostenibilidad, eficiencia y flexibilidad que faciliten la transición energética. Un modelo retributivo sólido y bien diseñado no solo incentivará la inversión en infraestructura, sino que también permitirá avanzar en la electrificación de la demanda industrial, mejorando la competitividad del sistema eléctrico español en el contexto europeo.
Flexibilidad y digitalización del sistema eléctrico
La flexibilidad del sistema será un componente crítico en 2026. La integración de renovables y el aumento de la electrificación de la demanda requieren mecanismos que permitan adaptar la oferta y la demanda de manera dinámica. Para ello, será necesario impulsar soluciones tecnológicas como el almacenamiento distribuido, la gestión inteligente de la demanda y la interconexión con redes vecinas.
La digitalización de las redes eléctricas es otro factor clave para lograr un sistema más resiliente. La implementación de sensores, plataformas de análisis en tiempo real y herramientas de predicción permitirá optimizar la operación de la red, reducir pérdidas, anticipar incidencias y garantizar la calidad del suministro. La combinación de flexibilidad y digitalización permitirá gestionar un sistema complejo de manera eficiente, facilitando la integración de nuevas cargas y generación renovable.
¿Por qué se necesitan incrementar los límites de inversión?
Para garantizar que la electrificación de la demanda pueda avanzar sin restricciones, 2026 debe ser un año en el que se incrementen los límites de inversión y se apruebe el desarrollo de inversiones anticipatorias. Estas inversiones permiten preparar la red para nuevos consumos antes de que se materialicen, evitando cuellos de botella y garantizando que la infraestructura esté lista para absorber la creciente demanda.
Asimismo, la planificación de inversiones estratégicas deberá alinearse con la modernización de la red, la digitalización y la implementación de soluciones de flexibilidad, asegurando que cada euro invertido contribuya de manera efectiva a la transición energética y a la resiliencia del sistema.
2026: clave para liderar la electrificación de la demanda
En conjunto, 2026 se perfila como un año intensamente regulatorio y de gran trascendencia para el sector eléctrico español. La combinación de iniciativas para mejorar el acceso y conexión, impulsar la electrificación de la demanda, reforzar el control de tensión, iniciar el nuevo periodo regulatorio con un modelo retributivo sólido, avanzar en flexibilidad y digitalización, aprobar inversiones estratégicas y anticipatorias, y establecer un marco fiscal incentivador, marcará el rumbo del sistema eléctrico en los próximos años.
Si se logra ejecutar de manera coordinada, 2026 permitirá no solo avanzar en los objetivos de descarbonización y transición energética, sino también fortalecer la competitividad industrial de España, garantizar un suministro eléctrico seguro y resiliente, y consolidar la posición del país en Europa como referente en electrificación y eficiencia energética.
El sector eléctrico español se enfrenta en 2026 a un escenario de grandes oportunidades y retos. La electrificación de la demanda, la modernización de la red, la flexibilidad, la digitalización, la inversión estratégica y un marco fiscal adecuado serán los pilares sobre los que se construirá un sistema más robusto, eficiente y sostenible. Las decisiones y medidas adoptadas durante este año serán decisivas para asegurar que España pueda cumplir sus objetivos de transición energética, mantener la competitividad industrial y ofrecer un suministro eléctrico confiable y resiliente para todos los consumidores.
2026 no será solo un año más: será un punto de inflexión que definirá la capacidad de España para liderar la electrificación de la demanda, maximizar los beneficios de la fiscalidad estratégica y consolidar un sistema eléctrico preparado para los desafíos del futuro.