¿Un cable submarino puede conectar eléctricamente España e Irlanda?
España e Irlanda han firmado un acuerdo para estudiar una posible interconexión eléctrica submarina de hasta 1.100 km bajo el Atlántico. Una infraestructura que permitiría reforzar el intercambio eléctrico entre ambos países, aprovechar mejor la generación renovable y contribuir a la seguridad energética europea.
España e Irlanda han firmado un Memorando de Entendimiento para estudiar la viabilidad de una interconexión submarina de corriente continua de alta tensión (HVDC) entre ambos países, a través del fondo del Atlántico.
Con una longitud de entre 1.000 y 1.100 kilómetros, se convertiría en una de las interconexiones eléctricas submarinas más largas del mundo. Este proyecto podría llegar a abordar uno de los desafíos del sistema eléctrico español: la limitada interconexión con el resto de Europa.
¿Por qué España necesita reforzar sus interconexiones?
España genera cada vez más energía renovable, pero su capacidad de interconexión con Europa es limitada. Según datos de Red Eléctrica, la capacidad de interconexión se sitúa en torno a los 3.000 MW, lo que representa un 2% de la potencia instalada nacional, muy por debajo del objetivo europeo del 15% para 2030.
En momentos de alta producción solar y eólica, una mayor capacidad de interconexión permitiría aprovechar mejor la generación renovable, reducir restricciones y aumentar los intercambios con otros mercados europeos. Sin esa salida, parte de esa energía se desperdicia o genera desequilibrios en la red, convirtiendo a España en una isla energética dentro del continente.
Con el objetivo de mejorar la integración energética de la península ibérica en el mercado europeo, España e Irlanda han dado el primer paso para analizar una nueva interconexión eléctrica a gran escala.
Ambos países han suscrito un Memorando de Entendimiento para estudiar la viabilidad de una interconexión submarina que uniría la costa asturiana con el sur de Irlanda a través del Atlántico, impulsado por los ministros de energía de España e Irlanda.
¿Y cómo se consigue conectar dos países tan lejos a través del océano? La clave está en la tecnología HVDC.
¿Qué es la tecnología HVDC?
HVDC (High Voltage Direct Current o corriente continua de alta tensión) es una tecnología para transportar electricidad a largas distancias. Lo consigue gracias a sus menores pérdidas de energía en el transporte respecto a la corriente alterna convencional.
La electricidad que llega a hogares y empresas circula en corriente alterna. Sin embargo, en grandes enlaces submarinos, la corriente continua de alta tensión permite transportar electricidad de forma más eficiente y controlada. Para ello, la electricidad se convierte en continua antes de entrar en el cable y vuelve a transformarse en alterna al llegar al sistema eléctrico de destino.
Más allá de la eficiencia, el HVDC ofrece otras ventajas para proyectos de esta envergadura: permite un control más preciso del flujo de energía, facilita la conexión entre sistemas eléctricos con frecuencias distintas y reduce el impacto ambiental en el trazado terrestre gracias a cables de menor sección. Por todo ello, se ha convertido en la tecnología de referencia para las grandes interconexiones eléctricas internacionales en Europa. Pero, ¿cómo consiguen colocar un cable de esta envergadura?
¿Cómo se tiende un cable submarino de más de 1.000 km en el fondo del Atlántico?
El cable uniría la costa asturiana con el sur de Irlanda atravesando el Golfo de Vizcaya y el Mar Céltico. Para llevar a cabo una instalación de tal magnitud, sería necesario estudiar el fondo marino, definir la ruta más adecuada y emplear buques especializados capaces de transportar y tender la infraestructura en el fondo marino.
Además del despliegue en el mar, el proyecto requeriría actuaciones en tierra en ambos países para reforzar sus redes eléctricas, así como la construcción de estaciones convertidoras en cada extremo del cable para adaptar la corriente continua al sistema eléctrico local. Todo ello convierte la obra en un importante reto técnico, logístico y económico, con una inversión estimada superior a los 2.000 millones de euros.
Irlanda y Francia, también unidos por interconexión submarina
El Celtic Interconnector, actualmente en desarrollo, será una interconexión de 575 km entre Irlanda y Francia y se convertirá en el primer enlace eléctrico directo de Irlanda con la Europa continental. Sus principales características son:
Capacidad: 700 MW, suficiente para abastecer a unas 450.000 viviendas.
Tecnología: HVDC en el tramo submarino y HVAC en tierra.
Promotores: EirGrid y RTE, con financiación europea de 530,7 millones de euros como Proyecto de Interés Común (PCI).
Calendario: obras iniciadas en 2023 en el condado de Cork (Irlanda); puesta en servicio prevista para 2028.
El Celtic Interconnector ilustra el tipo de modelo que podría seguir una futura conexión España-Irlanda: una infraestructura cofinanciada a nivel europeo, desarrollada por los operadores de red nacionales y concebida como palanca para la integración del mercado eléctrico continental. Su avance es también una señal de que este tipo de proyectos, aunque son complejos, son cuando existe respaldo técnico, político e institucional.
Hoja de ruta del cable España-Irlanda y su calendario de implementación
El acuerdo firmado por España e Irlanda marca el inicio formal del proyecto, que ahora deberá superar estudios técnicos, económicos, ambientales y regulatorios que permitan evaluar su viabilidad para optar a financiación europea como Proyecto de Interés Común (PCI).
Mientras tanto, España continúa avanzando en otras interconexiones internacionales. La nueva interconexión submarina con Francia, prevista para 2028, aportaría alrededor de 2.000 MW adicionales de capacidad, aunque los plazos en este tipo de infraestructuras pueden tener ajustes. La futura unión con Irlanda se enmarca en una estrategia más amplia para reducir el aislamiento energético relativo de la península. Si el proyecto sigue adelante y respeta los calendarios habituales, podría estar operativo en la segunda mitad de la próxima década.
El impacto de este cable en el nuevo mapa energético europeo
El proyecto nace en un contexto en el que miramos hacia la seguridad energética europea y la reducción de dependencias externas, acelerado tras la crisis del gas. La Comisión Europea apoya estas interconexiones como parte de su estrategia de transición renovable, ya que una mayor capacidad de intercambio puede contribuir a reducir la exposición a los combustibles fósiles importados.
Además de las conexiones previstas con Francia, una futura interconexión con Irlanda abriría una nueva ruta atlántica para el intercambio eléctrico y reforzaría la resiliencia de la red europea. También contribuiría a acercar a España a los objetivos europeos de interconexión, aunque sus plazos previsibles la sitúan como una infraestructura de largo recorrido.
Más allá de su complejidad técnica, una interconexión como esta resume uno de los grandes retos de la electrificación: no basta con producir más energía renovable, sino que hacen falta redes capaces de transportarla, compartirla y equilibrarla entre territorios. Ahí reside el verdadero valor de este tipo de proyectos.
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