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Universidades eficientes: así son

En los tiempos que corren, con la importancia que ha adquirido el realizar un uso eficiente de la energía, el sistema educativo y sus infraestructuras tienen que hacer todo lo posible para contribuir a ello. 

Hablamos de colegios, institutos, centros educativos y campus universitarios, y de optimizar recursos en su propio beneficio, de los alumnos, y en beneficio del medioambiente. Y hablamos de dar ejemplo desde uno de los lugares más influyentes para los jóvenes: la universidad.

Por una parte, es imprescindible concienciar en las aulas acerca de la importancia de la eficiencia energética. Pero, para ello, es fundamental poner en práctica en las propias instalaciones de los centros las medidas que se están defendiendo. Resumido: de nada sirve saberse la teoría si lo que se ve alrededor no coincide con ella, ¿verdad?

Además de esto, los centros educativos y las universidades son lugares de alto consumo eléctrico por sus múltiples instalaciones, durante muchas horas al día muchos días al año, y con afluencia de gran cantidad de gente. Es por ello que optimizar este consumo y todos los recursos es una necesidad real para todos. Pero, ¿cómo hacerlo?

Un modelo a seguir: instalaciones eficientes

Por suerte, en España contamos con grandes universidades que además son pioneras en muchas iniciativas de sostenibilidad. Ya existen multitud de medidas implantadas en nuestras universidades que las convierten en referente y modelo a seguir de eficiencia energética para todos.

En Madrid, por ejemplo, se han puesto en marcha tres tipos de instalaciones en algunas universidades de la región: centrales de generación de energía renovable, aulas eficientes y puntos de recarga eléctrica para coches. 

La central de generación eléctrica, que cuenta con un girasol fotovoltaico inteligente capaz de generar hasta 6.200 KWh de energía al año. El girasol (smartflower) dispone de 18 m2 de paneles solares y funciona siguiendo el sol hasta los últimos rayos del día, para así mantener un ángulo de incidencia de 90 grados.

Por su parte, el aula eficiente, implanta medidas de ahorro energético y mejora del confort ambiental. Entre ellas: cambio de tecnología en iluminación LED, control del encendido y apagado del alumbrado por presencia, regulación de temperatura con sensor instalado en el aula, parada del sistema de climatización cuando se abran las ventanas, ventilación nocturna, etc.

En total se estima que estas tres medidas permitirán, un ahorro energético valorado en más de 5.400 euros durante el primer año, por universidad en la que se implemente.

"Con tres medidas, obtenemos un ahorro energético valorado en más de 5.400 euros durante el primer año, por universidad en la que se implemente"

Estas infraestructuras, que quedaron inauguradas a principios de diciembre de 2019 en las primeras universidades, y servirán para que nuestros Campus sean un espacio donde nos acerquemos a los retos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

La idea es que estas medidas se puedan instalar en los próximos años en gran parte de las universidades españolas. En otras universidades, se han instalado también durante el año 2020 diversas herramientas y modelos de generación y micro-generación de energías renovables.

El concepto ‘campus sostenible’, otra alternativa

Además de lo anterior, existen otros conceptos como el “Campus Sostenible” donde todas las decisiones relacionadas con las infraestructuras y el mantenimiento de las instalaciones están encaminadas al ahorro y a la eficiencia energética. El fin es reducir el consumo innecesario de energía y fomentar la responsabilidad ambiental entre toda la comunidad: la universidad como entorno saludable y respetuoso con el medioambiente.

Este movimiento pone en marcha diversas medidas: unas técnicas y otras de difusión. Todas ellas buscan la concienciación, y la participación activa de la comunidad universitaria.

Con las medidas de difusión, para incentivar la participación y la colaboración activa, se busca una gestión responsable de los recursos energéticos, reduciendo el consumo y la contaminación en cada una de las acciones más cotidianas.

Apagar el ordenador en las aulas de informática, o las luces, al mismo tiempo que se mantiene la puerta cerrada para evitar el escape del calor son algunas de las recomendaciones que se recuerdan mediante carteles y pegatinas por todo el Campus.

"Iluminación y climatización, entre las más importantes para ser eficientes".

Entre las medidas más técnicas están la sustitución de las luces por opciones de bajo consumo, la eliminación de fluorescentes en zonas comunes ya bien iluminadas, o la reducción del horario del  funcionamiento del aire acondicionado. También destaca una correcta elección del sistema de calefacción más adecuado, o la instalación de climatización por pulsador en las aulas (y no automático) para así evitar refrigerar zonas sin uso.

Otro de los puntos clave para centrar esfuerzos es el fomentar un buen consumo del agua. Para ello se han implementado mejoras de los sistemas de ahorro de agua y se han tomado otras medidas como: reducir el horario de riego, sustituir las especies cespitosas por especies rústicas, o minimizar el uso de las plantas de temporada, que conllevan un mayor mantenimiento y gasto de agua.

La importancia de un buen control y gestión de los edificios inteligentes

Los ámbitos de actuación en un edificio inteligente o sostenible empezarán siempre por un correcto aislamiento, la climatización, una iluminación eficiente, controlada y lo más económica posible, y una optimización de la red eléctrica. Por otra parte, y unido a esto, será necesario un control de las instalaciones de manera periódica para comprobar que todo está en orden, que todo funciona como debe, y que el gasto es el adecuado.

En definitiva, se trata de responder a preguntas como: ¿cuántos ascensores hay y cuántos son en realidad necesarios en cada edificio? El objetivo siempre será el de la optimización de las instalaciones para la protección del medioambiente y a favor de la sostenibilidad.

En cuanto a la gestión de todas las medidas implantadas o las nuevas infraestructuras, se trabaja en la monitorización de las instalaciones en los edificios. La gestión y el control de las grandes máquinas de consumo, las alarmas o los sistemas de seguridad serán gestionados por una sola plataforma a nivel de software. Lo siguiente también será la gestión del alumbrado exterior, en aulas, laboratorios y salas de investigación.

Proyectos de eficiencia energética: siempre avanzando

Una vez vistas las principales medidas de eficiencia energética que se están llevando a cabo en las universidades españolas, es importante a partes iguales el que los investigadores continúen trabajando en nuevos proyectos y avances en este ámbito.

Estos especialistas han desarrollado una metodología para evaluar la sostenibilidad energética de las ciudades a través de la medición de diferentes parámetros e índices, con los que crear lo que han denominado Índice de Sostenibilidad de Energía Urbana (UESI). El UESI se basa en la medición de 12 indicadores y objetivos, y permite evaluar el rendimiento energético global de cualquier ciudad.

La metodología, que ya ha sido utilizada en Barcelona y Málaga, se basa en los flujos de energía y otros conceptos como la calidad del aire o la eficiencia energética en transportes y edificios. Además, el UESI se puede utilizar como una herramienta para diseñar acciones que mejoren la sostenibilidad energética de las ciudades

La unión de esfuerzos individuales: ¿qué cosas mejorar?

Sumado a todo esto que hemos visto, en las universidades, al igual que en nuestras viviendas o lugares de trabajo, están las medidas básicas y personales que cada estudiante, profesor, trabajador o usuario de instalaciones universitarias puede hacer.

Se trata de pequeñas acciones en el día a día que suman, y que son más importantes de lo que en realidad podemos llegar a pensar. Entre ellas está el subir las escaleras, y no hacer un uso innecesario del ascensor; el dejar las puertas cerradas al salir o entrar en las aulas; cerrar los grifos en los servicios o laboratorios para no derrochar agua; o apagar el ordenador al terminar una clase, y no dejarlo encendido a no ser que el profesor lo indique.

Pensando un poco en todo esto, volvemos a una de las claves: la concienciación y la colaboración individual. ¿Qué medidas ponemos en práctica de ellas? ¿Sube la gente en ascensor para llegar a la biblioteca que está en el tercer piso? ¿De verdad es necesario?

La unión de esfuerzos individuales crea la fuerza de la comunidad. Cambiar pequeños hábitos es sencillo, no cuesta nada (solo el habituarse a ello), y puede significar mucho.

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