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Los 7 pilares del ahorro de energía en tu casa

Una misma cantidad de dinero se gasta de diferente manera según quien decida. ¿Invertir en un frigo que se amortiza entero en 10 años? ¿Reducir la potencia eléctrica? ¿Acortar las duchas? De ti dependen las decisiones. El ahorro te está esperando.

¿Por qué algunas familias gastan miles de euros al año en climatización mientras otras no superan los 800 euros? ¿Cómo estira la gente el dinero para aumentar su poder adquisitivo sin cambiar de ciudad? Y, sobre todo, ¿por qué nuestras abuelas eran capaces de ahorrar con unos ingresos más bajos que los nuestros?

Gastar de forma inteligente y meditada es lo que permite que nuestro dinero se estire y sirva para más cosas. Lo mismo con menos, es decir, pura eficiencia energética.

¿Cuánta energía gastan las casas españolas?

Evidentemente, no todos somos iguales y cada casa es un mundo. Sin embargo, existen diversos estudios y datos del IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía) que cifran en alrededor de 1.000 euros anuales el gasto de energía del hogar español medio.

La climatización (calefacción + aire acondicionado), con unos 5.300 kWh anuales de promedio, es con diferencia la partida que más presupuesto se come, llegando al 50% del total del gasto de energía de los hogares españoles. A continuación se sitúan prácticamente empatados los electrodomésticos y el agua caliente, ambos en torno a los 1.900 kWh. Otros conceptos como la iluminación (en torno a 400 kWh) son poca cosa si se compara con el resto.

La conclusión fácil que podemos sacar de estos datos es que, si queremos ahorrar, es en la climatización donde más margen vamos a tener para estirar nuestro dinero. 

 

"El hogar medio español gasta unos 1.000 euros anuales en energía."

 

1. Bajar la potencia, un arma de doble filo

La potencia eléctrica contratada, llamada también “término fijo”, se mide en kW (kilovatios) e indica la cantidad máxima de energía que podemos consumir en un mismo instante. Cuanta más potencia tengamos, más electrodomésticos podrán estar funcionando al mismo tiempo. Cuanta menos potencia tengamos, más probable será que “salten los plomos.

Si revisamos nuestros hábitos y comprobamos que no necesitamos encender muchas cosas a la vez (quizás podemos vivir sin usar el horno y la aspiradora al mismo tiempo), se puede abrir la puerta de la reducción de potencia. Cuanta menos potencia tengamos, menos pagaremos en nuestras facturas.

Para un hogar medio, bajar un decimal de potencia (de 3,4 a 3,3 kW, por ejemplo) puede suponer un ahorro de unos 40 euros al año. Veamos un ejemplo concreto:

El problema es que bajar la potencia no es una decisión que puedas tomarte a la ligera. Sí, está garantizado que cuanto más la bajes… más ahorrarás en tu factura. Pero ¿qué pasa si la bajas tanto que se te va la luz en cuanto enciendes la vitrocerámica? Si te precipitas y bajas demasiado la potencia, luego no te quedará más remedio que volverla a subir para hacer una vida normal. Y este trámite puede costarte un dinero que se comerá cualquier ahorro que hayas conseguido por otras vías. Te recomendamos el siguiente contenido para saber lo que cuesta el cambio de potencia y cómo se hace.

 

2. Concentrar la energía de tu casa

La mayoría de nosotros no se replantea el uso del hogar en el que vive. Simplemente usamos de las diferentes habitaciones de acuerdo a una serie de hábitos culturales aprendidos de generación en generación. Así, el grueso de nosotros comemos en la sala de estar, salón o cocina, y no valoramos la opción de hacerlo en los dormitorios.

Otros estamos acostumbrados a dejar las puertas abiertas, echar las cortinas a medio día o poner siempre el termostato a 22ºC , por poner algunos ejemplos de hábitos que rara vez meditamos de forma calculada.

Por eso te proponemos un reto: no pienses en tu casa como un todo que está siempre encendido o apagado. Replantéatelo y concibe tu hogar como un conjunto de habitaciones diferentes, con usos distintos… y que pueden consumir energía diversamente. El simple hecho de calentar únicamente la habitación en la que vamos a estar, cerrando el resto de puertas, puede hacer que la factura baje a la mitad. Después de todo, ¿de qué sirve calentar el baño o la habitación de invitados si vamos a pasar la tarde en el salón? Veamos un ejemplo concreto:

Una persona que trabaja en su casa y quiere ahorrar energía. En una vivienda de 75 mla diferencia entre calentar toda la casa y calentar únicamente los 15 m2 de la habitación en que trabaja supone un ahorro del 80% en la partida energética que más cuesta (el 50% de climatización que mencionábamos al inicio del artículo).

 

3. Puertas cerradas, mente abierta

El punto de las puertas cerradas es muy importante, incluso en áreas de la vivienda por las que ni pasamos. Así, si una habitación da a un pasillo que a su vez tiene una puerta al pasillo principal (frecuente en viviendas grandes), cerrar ambas implica crear una cámara de aire intermedia similar a la que se da en las ventanas de mayor calidad. Un aislante artificial que amortigua las pérdidas.

Antes mencionábamos a nuestras abuelas, que además de ir apagando luces por la vivienda, iban cerrando estancias en desuso. Este tipo de hábitos es frecuente en personas de edad avanzada, especialmente si han vivido en medios rurales altamente dependientes de climatización por chimenea central: cada habitación abierta enfriaba el núcleo de la vivienda.

4. Electrodomésticos más eficientes

Quedarse obsoleto en tecnología acaba pasando factura. La etiqueta energética de los electrodomésticos ha pegado un buen salto en los últimos años, y quedarte atrás te vuelve poco eficiente… y derrochador. Veamos datos de consumo concretos:

  • Un frigorífico vertical de 60x60 cm con etiqueta de eficiencia energética A+ puede consumir alrededor de 250 kWh al año. Un A++ ronda los 200 kWh y un A+++, los 150 kWh. Mientras tanto, un frigorífico viejo clase D llega a los 662 kWh anuales. Esto significa que un usuario medio que cambiase su viejo frigorífico por un clase A+++ va a ahorrarse más de 70 euros al año en la electricidad que consume el frigorífico.

Es decir: si nos compramos un frigo A+++ por 700 euros, en 10 años está totalmente amortizado y empieza a generarnos beneficio. ¿Habías pensado alguna vez en comprar un frigo como una inversión? 

 

"Aunque un frigorífico altamente eficiente puede resultar una compra cara, en 10 años está totalmente amortizado y empieza a generar beneficio."

 

5. Duchas cortas, lavavajillas intensos

Cambiar de hábitos de higiene también puede ayudarnos a estirar el dinero. Aunque sea una estampa menos tradicional, poner los platos en el lavavajillas en lugar de fregar a mano supone un ahorro de 30 litros diarios de agua, según datos del Canal de Isabel II.

Del mismo modo, prescindir de una bañera de ducha y cambiarla por un plato que evita el baño y fomenta este mismo tipo de hábitos de ahorro céntimo a céntimo. Y esta es la clave para estirar el dinero dedicado a la energía: afrontar tantos cambios de hábitos como nos sean posibles, de forma que el impacto total supone una cantidad muy elevada.

Cada minuto de ducha gasta entre 8 y 15 litros de agua, un bien escaso y que además te cuesta dinero. Te recomendamos este contenido para aprender a ahorrar agua en la ducha.

6. La cocina, frente ideal para el ahorro

La cocina es un lugar idóneo para el ahorro debido a que los gustos culinarios son un mundo aparte. Para muchos será difícil un cambio de hábitos. Dicho esto, existen algunos consejos básicos que funcionan de forma generalista:

  • Cocinar varios platos a la vez. Si vamos a realizar las comidas de la semana, podemos hacer uso de todos los fuegos, de forma que el calor de uno ayude al otro. Hablamos de céntimos por plato, pero céntimos gratuitos que de otro modo perdemos. Y, si tenemos que cocinar sí o sí, mejor hacerlo de una sola vez.
  • Cocinar varias raciones. Del mismo modo, se aconseja cocinar varias raciones de una sola vez, ya que el coste energético para preparar (por ejemplo) dos platos de macarrones, es similar al que tendríamos para uno. Esta ha sido una estrategia clave para nuestras abuelas: cocinar para muchos.
  • Priorizar comidas con bajo uso de la energía. Un gran número de frutas, verduras, hortalizas, frutos secos o legumbres exigen un consumo nulo o casi nulo en la preparación de platos fríos o templados; a diferencia de grupos como la carne y el pescado, o la comida precocinada.

 

7. Aprovechar la luz solar al máximo

Las luces LED son tan eficientes que han disminuido mucho el margen de mejora que existía respecto a las ya remotas bombilllas incandescentes. Si quieres ahorrar en iluminación y ya tienes LED, la clave está en el astro solar. Buscar la luz natural puede ser un importante punto de ahorro en el día a día, incluso para una partida (iluminación) que supone únicamente el 4% del consumo medio de un hogar español.

Así, si ubicamos el escritorio donde estudian nuestros hijos bajo una ventana, o localizamos el sofá más próximo a la terraza, ahorraremos bastante energía.

Mantener abiertas las persianas y cortinas durante las horas de luz, ubicar el mobiliario para leer aprovechándola, colocar espejos para hacer que la luz natural entre hasta el fondo de la vivienda, hacer uso de puntos de luz locales en lugar de iluminación global (luz de mesita versis luz de techo) son algunos ejemplos de un uso racional de la luz.

Un ahorro del 25% en iluminación reducirá nuestra factura anual total de energía en un 1%, aproximadamente, lo que puede suponer un pico importante.

 

¿Vivir igual gastando menos?

Nos hemos acostumbrado a medir nuestras vidas en euros porque así nos han dicho que funciona el mundo. Pero si de verdad queremos ser eficientes, debemos aprender a manejar otras magnitudes. Por ejemplo: los kilovatios de potencia y los kilovatios hora de consumo energético.

Ya existen organizaciones como la 2000 Watt Society que proponen organizarnos socialmente para que todos consumamos menos kilovatios cada año, colaborando entre todos a mejorar la eficiencia del planeta entero.

Uno de los primeros pasos hacia la eficiencia es dejar de pensar en términos absolutos sobre los que no tenemos control alguno. Por ejemplo: la tarifa eléctrica como algo que te viene impuesto y que pagas lo que cuesta, sin más. Ya existen tarifas en las que tú decides cuánto cuesta la energía según la hora a la que la consumas. Si te interesa, te animamos a descubrir la Tarifa Tempo Happy.

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