6 noviembre 2026

Autonomía energética y adaptación climática reordenan la agenda ESG

Con 2026 en su recta final, la desinflación regulatoria ya es una realidad y la presión se traslada a la ejecución. Desde Forética destacamos las cinco tendencias ESG que identificamos en enero y cómo condicionan hoy la competitividad, la autonomía energética, las redes y el agua en la estrategia empresarial.

Por Jaime Silos

2025 fue un año de inflexión para Europa. Las tensiones geopolíticas, la presión sobre la competitividad y el cuestionamiento de los consensos multilaterales desplazaron el foco del debate hacia la seguridad, la autonomía estratégica y la estabilidad económica. En ese contexto, en enero publicamos el Informe Tendencias ESG 2026, con cinco claves para la agenda empresarial. Con el año pasado su ecuador, ya no son una hipótesis de partida: son el terreno en el que las compañías están tomando decisiones.

 

1. Europa: autonomía energética, innovación y talento

La primera tiene que ver con la propia Europa. El acuerdo sobre el paquete Ómnibus I cerró el ciclo de la llamada desinflación regulatoria: umbrales de aplicación más bajos, un cumplimiento más ajustado en costes y menos contingencias legales. Sería un error leerlo como el fin de la ambición. Inversores, clientes y empleados siguen pidiendo avances, y una sostenibilidad que solo responde a la obligación legal transforma mucho menos que la que nace de la convicción de crear valor.

El verdadero examen está fuera. Europa se mueve entre un Estados Unidos que prioriza la velocidad y los hidrocarburos, y una China que domina las cadenas de la economía verde. Nuestra renta per cápita es inferior a la mitad de la estadounidense, y un 72% de esa brecha se explica por la menor productividad por hora trabajada. Además, los precios de la energía que pagan nuestras empresas más que duplican los de Estados Unidos y China. Por eso la sostenibilidad europea solo avanzará si refuerza su competitividad, con tres palancas: autonomía energética, innovación y talento.

 

2. Mercados: largo plazo y buen gobierno

La segunda clave llega desde los mercados. La correlación virtuosa entre rentabilidad y menor riesgo de los activos sostenibles se debilitó, arrastrada por la crisis energética, el negacionismo político y la fiebre de la inteligencia artificial. Pero el daño es superficial. El volumen de fondos con criterios de sostenibilidad era a cierre de 2025 un 17% mayor que un año antes, la emisión de bonos ESG batió un récord y Europa concentra el 85% de los activos sostenibles bajo gestión del mundo. Nuestra hipótesis de partida era un regreso a los fundamentales, con el largo plazo y el buen gobierno de nuevo en el centro.

 

3. Social: la contribución de las empresas a la formación

La tercera es social. Un joven en España necesita entre 8 y 12 años de ahorro para comprar una vivienda, y tres de cada diez niños viven en situación de pobreza. Con un Estado del bienestar sometido a la presión del envejecimiento, las empresas pasan a ser agentes de estabilidad y oportunidad. Su contribución más directa es la formación: el upskilling y el reskilling son hoy la mayor forma de protección social.

 

4. Transición energética: inversión en adaptación

La cuarta clave es, quizá, la más cercana al sector energético. El objetivo de 1,5 ºC está fuera de alcance, pero cada décima cuenta, y la transición avanza. El crecimiento anual de las emisiones ha pasado del 1,9% al 0,3% en una década, las renovables suman 23 años consecutivos de crecimiento y cubren el 70% del aumento de la demanda eléctrica mundial. Uno de cada cinco coches vendidos en 2024 fue eléctrico.

Pero la transición también tiene sus riesgos. La inversión en redes va por detrás del despliegue renovable, justo cuando la inteligencia artificial dispara la demanda de electricidad. Europa necesitará en torno a 800.000 millones de euros hasta 2050 para cumplir sus objetivos de electrificación. A ello se suma la dependencia de China, que controla 19 de los 20 minerales estratégicos para la electrificación. Hay que tratar la transición como un ejercicio de resiliencia, no solo de despliegue tecnológico. Y toca invertir en adaptación: en los tres primeros trimestres de 2025, las catástrofes naturales causaron pérdidas por 203.000 millones de dólares, y en torno al 70% no estaban aseguradas.

 

5. Agua, como variable de negocio

La quinta clave es el agua, el gran vector de los riesgos físicos del clima. El 91% de las pérdidas de las diez principales catástrofes naturales de 2024 estuvieron relacionadas con ella, y más de 2.000 millones de personas siguen sin acceso a agua potable segura. Aunque la mayoría de los sectores no sean intensivos en agua, todos deben integrarla en sus decisiones. Eso exige entender su materialidad, preparar planes de contingencia para escenarios extremos y avanzar hacia el enfoque water positive. En un recurso de dominio público, la colaboración público-privada no es opcional.

Imagina que abres el informe de riesgos de tu compañía y la partida que más te inquieta no es la energía ni el talento, sino el grifo. Para ese momento nació la Guía para CEO: El agua en el centro de la estrategia, que el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, impulsado por Forética, presentó en febrero de 2026. Propone cinco pasos para tratar el agua como una variable de negocio. Un detalle ayuda a entender la urgencia: las redes de agua en España se renuevan a un ritmo anual del 0,49%, lo que supone más de dos siglos para renovarlas por completo.

Estas cinco claves giran en torno a un mismo mensaje, la sostenibilidad ya no es una agenda paralela, sino parte de cómo las empresas protegen su competitividad, su continuidad y su licencia para operar. Quien anticipe, en energía, en redes, en talento y en agua, llegará mejor preparado. En Forética creemos que esa anticipación se construye en colaboración.

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