16 octubre 2026

La transición energética también se construye colaborando

La transición energética necesita tecnología, inversión y regulación, pero también algo más difícil de construir: relaciones de confianza entre actores diferentes. Empresas, administraciones, tercer sector, emprendedores y comunidades locales tienen que aprender a trabajar como un ecosistema si queremos generar valor compartido y un impacto duradero en los territorios.

Por Alberto Alonso

Imagínate reunir durante una mañana a profesionales de una compañía energética como Endesa con organizaciones del tercer sector, sociales y ambientales, y entidades catalizadoras con una poderosa misión: construir ecosistemas de colaboración para generar valor compartido y un impacto que sea duradero. El planteamiento es sencillo, pero relevante: se trata de ir más allá del intercambio de puntos de vista y avanzar hacia posibilidades reales de acción compartida.

Esta iniciativa, acogida por Impact Hub Madrid, es un ejemplo concreto de que la transición energética es, además de un gran proceso de transformación tecnológico, un reto de colaboración capaz de generar impacto económico, social y ambiental.

De este modo, las mesas de trabajo abordaron la relación entre empresa y tercer sector; la formación y el empleo vinculados a la transición energética; la biodiversidad y el desarrollo rural; así como los derechos humanos, la pobreza energética y la inclusión. Pero lo más interesante estaba en la metodología: había que identificar barreras, plantear soluciones, pensar qué actores debían formar parte de la alianza y concretar primeros pasos viables.

Ese recorrido -del reto al primer paso- puede parecer simple, pero introduce una diferencia importante. Colaborar no consiste solo en intercambiar puntos de vista; requiere entender qué puede aportar cada actor, dónde están las dificultades y qué condiciones permitirían empezar a probar una solución.

 

La hora de impulsar ecosistemas de impacto

Construir un ecosistema es mucho más que reunir a todos esos actores alrededor de una mesa. El verdadero desafío es conseguir que las relaciones entre ellos permitan compartir conocimiento, entender mejor los problemas, identificar barreras y combinar capacidades que normalmente operan por separado. Porque un territorio puede disponer de empresas, talento, conocimiento, infraestructuras y recursos y, sin embargo, no ser capaz de convertir todos esos activos en soluciones para sus retos.

Esa lógica de ecosistema está en la base del trabajo que desarrollamos desde Impact Hub para abordar problemas complejos como la transición energética. Y esta forma de entender los cambios sistémicos está también detrás del Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto que publicamos el pasado mes de junio. Una de las cuestiones que plantea el Índice es precisamente que no basta con observar qué recursos existen en un territorio, sino que hay que entender también cómo se relacionan entre sí y hasta qué punto esas conexiones permiten transformar conocimiento, innovación y capacidad emprendedora en respuestas a los retos sociales y ambientales.

Los grandes retos contemporáneos tienen, además, una fuerte dimensión territorial. La circularidad depende de flujos de materiales, agua y energía que se producen en geografías concretas; la transición energética, de recursos, redes y comunidades situadas. Por eso, las soluciones no pueden diseñarse de espaldas al lugar en el que deben funcionar.

 

La perspectiva territorial en el centro de la solución

La dimensión ambiental permite verlo con especial claridad. Energía, movilidad, reducción de emisiones, adaptación de los edificios, circularidad, agua o gestión de los recursos están profundamente interrelacionados. Abordarlos desde una perspectiva territorial permite comprender esas interdependencias y, sobre todo, diseñar respuestas que tengan en cuenta las características, necesidades y capacidades de cada lugar. Hablamos así de soluciones adaptativas, multinivel y policéntricas. Se trata de encontrar respuestas que implican colaboración y adopción social, además de adaptarse a las características específicas y el potencial del territorio.

Es aquí donde la idea de una economía regenerativa adquiere especial relevancia. Supone ampliar la pregunta. No se trata únicamente de cómo reducir impactos negativos, sino de cómo construir modelos económicos capaces de reforzar los sistemas sociales y ambientales de los que dependen. Esta mirada exige incorporar las capacidades y necesidades de empresas, administraciones, organizaciones sociales, emprendedores y ciudadanía a la hora de buscar soluciones.

Un momento del encuentro 'Espacios de Impacto', organizado por Endesa y celebrado en The Impact Hub Madrid

'Espacios de impacto' y activación

Cuando hace unos días pudimos llevar algunas de estas ideas a la práctica en 'Espacios de Impacto', constatamos que, cuando distintas miradas confluyen sobre un mismo reto, es posible encontrar puntos de encuentro, también de divergencia, y empezar a ensayar soluciones. Y ahí empieza otra parte igualmente importante: dar continuidad a lo aprendido, analizar qué ideas pueden desarrollarse, evaluar qué funciona y mantener abiertas las relaciones que se han creado. Si queremos construir ecosistemas, los espacios de encuentro tienen valor precisamente cuando lo que ocurre en ellos no termina al levantarnos de la mesa.

Quizá ahí se encuentre una de las claves de la transición energética actual. El desafío no consiste únicamente en acelerar el cambio, sino en conseguir que ese cambio genere oportunidades, fortalezca los territorios y contribuya a responder a necesidades sociales y ambientales que están estrechamente relacionadas. La velocidad importa, pero también la dirección en la que avanzamos y el valor que somos capaces de generar durante el camino.

Porque la transición energética no ocurrirá lejos de donde vivimos, sino en ciudades, barrios, pueblos y territorios concretos. Y su impacto dependerá también de nuestra capacidad para conseguir que quienes viven, trabajan y emprenden en ellos no sean únicamente receptores del cambio, sino parte activa de su construcción.

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