La revolución del coche eléctrico

Los coches eléctricos van de cine

En 2006, el documental Who killed the electric car? de Chris Paine (lanzado directamente en DVD, no pasó por la gran pantalla) puso el foco en algo que siempre causa sorpresa la primera vez que se escucha: el coche eléctrico nació antes que el de gasolina. Compitieron unos años y, al final, ganó el que sabemos.

El documental, ¿Quién mató al coche eléctrico?, cuenta la historia del primer eléctrico, de General Motors, desde su nacimiento hasta ser triturado (literalmente). Obviamente, la defensa del vehículo sin emisiones enfrentó a ecologistas con petroleras y el trasfondo político del asunto afectaba al gobierno estadounidense (con George W. Bush por entonces como presidente).

El director de la compañía conducía con orgullo y satisfacción un GM EV1, el primer coche eléctrico moderno: rápido, limpio, sencillo y con 130 km de autonomía. Pero en 2001 General Motors dejó de fabricarlo. Un complicado entramado de leyes y presiones (los coches no se podían tener en propiedad, por ejemplo, solo alquilarlos) permitió que fueran destruidos y que no compensara fabricar ni uno más.

El film destacó en varios festivales y tuvo repercusión entre los defensores de la electrificación del parque automovilístico. De hecho, pocos años después, se estrenó La venganza del coche eléctrico, que arrancaba justo donde terminaba el primer documental. En este, Elon Musk, con su recién estrenada fábrica de Tesla Motors, mostraba su gran sueño de construir deportivos eléctricos limpios y atractivos. El efecto dominó hizo que también Nissan quisiera estar en el documental, ya que la idea de que el futuro del coche era eléctrico comenzaba a prender en los fabricantes.

Coches de cine, pero también de libro

Pero antes de estas películas claramente centradas en el coche eléctrico hubo otros pioneros que supieron ver las posibilidades narrativas de los coches. Como símbolo, como tecnología e, incluso, como personajes aterradores. Christine, la novela del escritor Stephen King cuenta la historia de un coche endemoniado. Sí, libre y autónomo (entiéndase bien la palabra…), para acabar con quien no le gusta. La película se rodó en 1983. El director, John Carpenter, eligió un Plymouth Fury del año 1958, fabricado por Chrysler. No es fácil encontrarse con ninguno (ni endemoniado ni normal): Chrysler fabricó pocas unidades y muchas fueron destrozadas durante el rodaje.

Menos unidades aún se hicieron del Probe 16, sólo tres, para dar vida al Durango 95, el deportivo de Alex y sus amigos en La Naranja Mecánica, la mítica película de Stanley Kubrick. Y dos son los que se conservan en los estudios de Sony Pictures del Ecto-1, el Cadillac Miller-Meteor (tuneado con herramientas para cazar fantasmas), que se usaba en Estados Unidos en los años cincuenta para transportar pacientes y que es un auténtico icono de la película Cazafantasmas.

Los ochenta olían a gasolina, no hay duda de ello. Pero la necesidad de baterías ecológicas que no emitan CO2 está ya en la calle y el cine no puede ser ajeno a esta demanda, intentando explorar las posibilidades de mañana. En Minority report, Tom Cruise conducía un Lexus 2054 Concept. Dicen que el propio Spielberg diseñó con Lexus (se invirtieron varios millones de dólares) este biplaza que se desliza sobre carriles magnéticos, se sube por las pareces (no es una forma de hablar) y te libra de cualquier choque. Ah, y cambia de color cuando tú digas.

La lista es interminable… el de Regreso al futuro, el Chitty Chitty Bang Bang¿cuál te pides para Reyes?

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