La revolución del coche eléctrico

De la Nintendo al eléctrico

Por Andrea Esteve López

Pertenezco a una generación, los millennials, que ha visto cómo la tecnología se ha incorporado a su vida de una manera natural. Hemos crecido rodeados de ordenadores, consolas y smartphones y creemos que somos difíciles de sorprender… Pero la realidad es otra. Durante tres días he tenido la oportunidad de conducir un vehículo eléctrico (VE) y tengo que reconocer que ha sido la experiencia más reveladora que he tenido en mucho tiempo.

Primeras impresiones de un vehículo eléctrico

Ya desde el principio, el primer contacto visual con el BMW eléctrico de Endesa es algo curioso. Ver un coche con un cable enfunchado, como si de un móvil se tratase, es raro. Tras desenganchar con fuerza esa "manguera" del lugar donde estaría el depósito de gasolina en un coche de motor, me meto dentro del BMW. Es espacioso, limpio, nuevo. "¿Dónde meto la llave?", pregunto al instructor que me acompaña. Y tras una risa, ni mucho menos burlona, me dice que mejor me la guarde en el bolso, porque no hace falta hacer nada más con ella. Solo abrir y cerrar el coche.

Aprieto el botón de start y el coche hace una cancioncilla muy graciosa que interpreto como un saludo. Y parece una tontería, pero ya te da la sensación de que este coche está por encima de otros, es más inteligente, más eficaz. Las luces se encienden y la pantalla también, y en el salpicadero ya puedes controlar la autonomía del vehículo que, en mi caso, estaba al máximo. Tengo 130 km para hacer lo quiera. Quité el tecnológico freno de mano y moví la palanca de cambios hacia la "D". Pie derecho en el acelerador, pie izquierdo echándose una siesta, y empezamos.

Collage del capítulo 6 de la #eVuelta sobre el coche eléctrico

La primera sensación es indescriptible. Es brutal. Aparte de que la aceleración inicial es mucho más potente que un coche de combustión, es un nivel de conducción superior al que estamos acostumbrados. Es como si fuera solo, muy suave, es como flotar en una nube, como levitar. Es futurista. La manera en que se mueve el vehículo ya te indica que algo está cambiando en la automoción hoy por hoy.

Al ser automático, además de eléctrico, es un vehículo muy cómodo y práctico, ya que solo tienes que preocuparte de poner intermitentes, acelerar, frenar y, por supuesto, circular bien, que a veces es lo más difícil. También noté que produce menos estrés en general porque, al ser eléctrico, no emite ningún tipo de sonido. Es tomarse la conducción de otra manera. Al conducir en silencio total y con una ligereza impropia de cualquier vehículo, automáticamente asocias esa sensación con limpieza, pureza, con no contaminar. Y eso es precisamente de lo que se trata.

“Se trata de aportar tu granito de arena contra el cambio climático con una movilidad limpia, cómoda y sostenible que, además, resulta divertida, innovadora y digna de probar”

– Andrea Esteve López, periodista.

La primera sensación es indescriptible. Es brutal. Aparte de que la aceleración inicial es mucho más potente que un coche de combustión, es un nivel de conducción superior al que estamos acostumbrados. Es como si fuera solo, muy suave, es como flotar en una nube, como levitar. Es futurista. La manera en que se mueve el vehículo ya te indica que algo está cambiando en la automoción hoy por hoy.

Al ser automático, además de eléctrico, es un vehículo muy cómodo y práctico, ya que solo tienes que preocuparte de poner intermitentes, acelerar, frenar y, por supuesto, circular bien, que a veces es lo más difícil. También noté que produce menos estrés en general porque, al ser eléctrico, no emite ningún tipo de sonido. Es tomarse la conducción de otra manera. Al conducir en silencio total y con una ligereza impropia de cualquier vehículo, automáticamente asocias esa sensación con limpieza, pureza, con no contaminar. Y eso es precisamente de lo que se trata.

Es verdad que al principio te obsesiona un poco (al menos a mí) ver cómo en la barra de autonomía se van restando los kilómetros. Y, si pones la calefacción, comprobar cómo bajan aún más rápido. Pero, objetivamente, lo cierto es que te sobran kilómetros para hacer tu vida diaria sin necesidad de agobiarte, porque difícilmente harás más de 100km al día.

Beneficios de un vehículo eléctrico en la ciudad

Nunca pensé que diría esto de un coche, pero es altamente recomendable para circular en ciudad porque, aparte de la sensación de pureza, están los enormes beneficios que las administraciones están ofreciendo a los vehículos eléctricos: entrar en el centro de la ciudad en ciertos días de protocolo ambiental, poder ir por el carril VAO o acceso libre a zonas restringidas y residenciales sin preocuparse por una multa, el aparcamiento en zona azul y verde es completamente gratuito y sin limitación. Y no sabéis el placer que es eso. La liberación mental que supone ir a aparcar y saber que no importa cuánto tardes porque va a ser rápido, sencillo y ¡GRATIS! Además, a nivel fiscal los beneficios por no pagar impuestos de matriculación y ahorrarse el 75% del impuesto de circulación dejan a uno sin palabras. Así, te dan ganas de ir hasta al rincón más escondido de tu ciudad con tu coche eléctrico.

Creo que lo que más puede preocupar a la hora de pasarse al coche eléctrico son los puntos de recarga, tanto dentro de la ciudad como a la hora de hacer un viaje. Pero teniendo un punto fijo donde cargar, como sería la propia casa de un usuario convencional de vehículo eléctrico, estoy segura de que se trata más de cambiar los hábitos y la mentalidad que de un problema real de autonomía. Además, en los próximos cinco años, Endesa va a desplegar por toda España más de 8.500 puntos de recarga públicos y unos 100 mil privados, que permitirán circular con toda tranquilidad sin miedo a quedarse sin batería.

Puedo dar fe de que, en la actualidad, el coche eléctrico ya cubre las necesidades básicas, como cualquier coche de motor, y, además, tiene el aliciente de esos pequeños detalles tecnológicos y futuristas que crean una experiencia diferente en la conducción. Pero no nos olvidemos de lo más importante, razón por la cual existen estos vehículos y por lo que es tan importante potenciarlos, que es cero contaminación y ahorro económico, porque la gasolina es 10 veces más cara que la electricidad. Se trata de aportar tu granito de arena contra el cambio climático con una movilidad limpia, cómoda y sostenible que, además, resulta divertida, innovadora y digna de probar.

El concepto de vehículo eléctrico va mucho más allá de un simple automóvil. Es un cambio en la sociedad que cada vez tengo más claro que las futuras generaciones asumirán como algo normal, como nos pasó a los actuales veinteañeros con cada avance tecnológico que hemos ido viviendo. Y mientras los millennials nos estancamos en la melancolía de: "¡Buah!, ¿te acuerdas de cuando existía…?", como nos pasa ahora cuando recordamos la Nintendo 64, la sociedad irá avanzando hacia un mundo más eficiente energéticamente, donde el VE estará a la orden del día. Porque una vez lo pruebas, solo te quedas con el siguiente mensaje: "Mi próximo coche será un eléctrico". Y, al menos yo, no me quiero quedar atrás.

Imagen de la etapa 6 de la #eVuelta

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