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La contra-eficiencia: cuando al intentar ahorrar acabamos gastando más

¿Y si invertir en productos de alta eficiencia nos llevase a aumentar el consumo total? Aunque es contra intuitivo, podemos caer en la trampa del gasto creciente y encontrarnos con que consumimos más que antes. ¿Cómo podemos evitarlo?

William Stanley Jevons se dio cuenta en el año 1865 de que el consumo de carbón había aumentado de forma notable, todo ello pese a que la máquina de vapor de James Watt era mucho más eficiente que la de Thomas Newcomen. Es decir, se gastaba mucho más que anteriormente pese a que la mejora en la eficiencia de los procesos y maquinaria había sido notable. ¿Cómo era posible?

Lo cierto es que este tipo de tramas de consumo no son de 1800, sino que actualmente también podemos ver que los hogares pueden sufrir este fenómeno con la llegada de un número cada día mayor de dispositivos a nuestras vidas.

 

¿Qué es la trampa del gasto creciente?

Muchos de nosotros vemos cómo no somos capaces de ahorrar ante un aumento de salario, o la eliminación de un gasto importante (por ejemplo, cuando dejamos de pagar el coche). Disponemos de un extra que, sin darnos cuenta, de repente no tenemos y hemos incorporado a nuestro consumo diario.

¿Pero por qué ocurre esto?

El concepto clave aquí es la llamada trampa del gasto creciente.

Tenemos la facilidad de gastar más debido al aumento de capacidad adquisitiva, bien por subida de ingresos o por bajada de costes. Es decir, gastamos porque podemos ajustarnos a un gasto mayor.

Es el motivo por el que, cuando a alguien le toca un premio gordo de lotería, rara vez conservan la fortuna durante muchos años. Algo parecido ocurre con aumentos de salario.

Estamos acostumbrados a gastar en un nivel, sea más o menos, y esto ocurre también en muchos hábitos que adquirimos con la tecnología. Si subimos de nivel, no mantenemos el gasto, sino que tendemos a igualarlo al nuevo punto de partida.

Por ejemplo, tendemos a consumir más si notamos que tenemos más dinero ahorrado o más dinero disponible en nuestro bolsillo.

La misma trampa del gasto creciente la vemos cuando el objeto en que gastamos se devalúa, incluso ligeramente. Es el caso de la comida rápida low cost. Los precios a la baja han hecho que se aumente la cantidad de comida de este tipo ingerida; o poniéndonos en el caso del consumo de internet, en el número de gigas que nos dan las compañías de telefonía por una misma tarifa, que pese a seguir aumentando siempre parecen quedarse cortos.

Este mismo comportamiento también se traslada al consumo energético en el hogar, con usuarios que tienden a gastar por el mero hecho de que pueden hacerlo (no cambiar a LED, dejar luces encendidas, no apagar el horno minutos antes de que se termine de hacer la comida, etc) sin constatar que un cambio de hábitos podría darles importantes beneficios de ahorro personal.

De igual forma, pese a que disponemos de dispositivos que mejoran y facilitan nuestro día a día de manera cada vez más inteligente, seguimos sin optimizar los recursos de los que disponemos para así ayudarnos a ahorrar. La llegada de un dispositivo que nos ayuda de forma eficiente, no siempre es sinónimo de reducir gasto.

La Paradoja de Jevons: ¿podremos bajar el consumo?

La Paradoja de Jevons es un hecho constatado desde hace siglos, mucho antes de que todo dependiese de la electricidad. Viene a decir que a medida que disminuye el consumo energético de un dispositivo, su uso aumenta de forma tal que el total acaba siendo superior a los valores originales: como consume menos, compro más, consumiendo más.

Como adelantábamos antes, una de las primeras veces que vimos este efecto fue con la llegada de la máquina de vapor. Los primeros modelos eran altamente ineficientes, y por tanto caros de operar, pero en el momento en que su eficiencia aumentó el coste bajó lo suficiente como para que se instalase en todas partes, como fábricas y locomotoras. Lo mismo ha ocurrido con los electrodomésticos o los ordenadores.

Hoy en día podemos ser víctimas silenciosas de esta misma paradoja cuando despreciamos el consumo eléctrico de un dispositivo, como una pantalla de ordenador. Si la que tenemos consume 200W y una de alta eficiencia consume 110W, podríamos caer en la paradoja de gastar más (porque nos llevemos una segunda unidad para otra habitación o un segundo monitor) bajo el razonamiento de “merece la pena porque es más eficiente”.

Y si bien es cierto que sí es más eficiente, duplicar el dispositivo para este caso concreto nos hará alcanzar la cifra de 220W, un aumento total del 10% del consumo. Puede que pensemos que es un caso en el que nosotros nunca caeríamos, lo cual es probable, pero tengamos en cuenta cómo ha aumentado en los últimos años el número de dispositivos de domótica.

¿Con qué debemos tener cuidado?

Quizá no seamos de comprar dos pantallas cuando estas mejoran notablemente su eficiencia, pero hoy en día disponemos de un gran abanico de dispositivos esperando entrar en nuestra vivienda, todos ellos con consumos pequeños o muy pequeños, denominados consumos fantasmas , pero que sumados podrían darnos una sorpresa en la factura.

Estamos hablando de altavoces inteligentes, hubs de control de aire acondicionado, robots aspiradores, sistemas electrónicos de medida como termostatos, sensores de alarma, luces conectadas, espejos inteligentes y un largo etcétera.

El robot aspirador puede que sea un ejemplo comparable a la caldera de vapor, debido a que antes de esta la fuerza motriz de los carruajes y la escoba era animal (caballos y personas, respectivamente). ¿Cuánta electricidad consume una escoba? Cero, de modo que cualquier aumento de eficiencia doméstica que expresamos mediante la compra de un aspirador lleva directa a la paradoja de Jevons.

Esto incluye también a la aspiradora. Podríamos caer en el error de pensar que un robot aspirador consume menos que la clásica aspiradora de cable (cierto a nivel de potencia). Sin embargo, tengamos en cuenta que con los robots aspiradores hemos sustituido la limpieza semanal del fin de semana en una limpieza automática diaria en cuanto salimos de casa, por lo que el consumo energético puede ser mayor. 

El límite de Jevons: no necesitamos dos frigoríficos

Dicho esto, también podemos encontrar algunos ejemplos en los que esto no se ha cumplido (a nivel doméstico, sí a nivel urbano), como el cambio de luminarias incandescentes por led. Se estima que el led es capaz de aprovechar casi toda la energía eléctrica y convertirla en luz, frente al 5-15% de una lámpara incandescente, pero al tiempo se da que hay un número máximo de puntos de luz en casa. No vamos a instalar más luces si ya vemos bien.

Otro ejemplo, parcial, es el de la estabilización de según qué electrodomésticos. El mercado de frigoríficos, por ejemplo, no va a ser mayor al mercado de viviendas o, dicho de otro modo: no necesitamos dos frigoríficos en casa (por lo general). Si cambiamos el que está por uno con mejor etiqueta de eficiencia energética, no vamos a comprar un segundo y sí notaremos la mejora en el ahorro.

Sí podría ocurrir que, dado que consume menos para un mismo nivel de frío, decidamos bajar la temperatura objetivo y, en consecuencia, acabemos por gastar más. Este es un ejemplo claro de trampa del gasto creciente, al igual que lo es mejorar la eficiencia del aire acondicionado y terminar por usarlo mucho más.

Otro caso es, por ejemplo, el de los nuevos gadgets domésticos o urbanos, como los patinetes.

Al igual que ocurre con el robot, los patinetes eléctricos no están desplazando el uso de vehículos de combustión. La gente que antes caminaba a coste cero o usaba el transporte público (de alta eficiencia, por cierto) ahora los usa para desplazamientos cortos, con el consiguiente gasto energético.

¿Cómo solucionar estas paradojas de consumo?

Llevando una economía doméstica eficaz, buscando la eficiencia en todos los sentidos y, sobre todo, siendo consciente de tus gastos.

Podríamos pensar que la trampa del gasto creciente y paradojas como la de Jevons atienden a cuestiones personales o domésticas, pero lo cierto es que afectan a empresas, países y organizaciones de todos los tamaños, debido principalmente a una visión de túnel o cortoplacista, y a no tener en cuenta el posible aumento del consumo. Y esta es la clave.

"Mejora tu consumo llevando una economía doméstica eficaz, buscando la eficiencia en todos los sentidos y, sobre todo, siendo consciente de tus gastos."

Visión a largo plazo, inversión y objetivos

Es posible que queramos gastar en dos pantallas, un deportivo o pasar unas largas vacaciones con nuestra familia, motivos personales perfectamente válidos que contemplan un aumento del gasto, pero siempre siendo conscientes de que ese gasto está creciendo. Probablemente el punto más importante sea esa conciencia de qué vamos a pagar de más y qué obtendremos a cambio.

Así, por ejemplo, hay perfiles de usuarios que prefieren aumentar el consumo energético de su vivienda para ganar confort térmico  durante todo el año, sin que su elección se deba a un error (simplemente, es una preferencia de uso); pero también hay familias que compran elementos de consumo como radiadores eléctricos porque son asequibles y luego se preguntan por qué aumentó el gasto.

En resumen y, en definitiva: Sé consciente y sé eficiente.

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